
Crítica a "La puerta condenada" de Julio
Cortazar
Saberse existente por
las cosas que nos molestan, nos da la seguridad de poder
mantenernos,o evadirnos de algo,algo que aunque
desconocido ,es real y tangible por su estupidez y su
absurdo. Es saberse alguien capaz de receptar el sentido
de lo que los otros niegan por ridículo,o porque no han
vivido esa realidad que se llama llanto o consuelo,y la
puerta que separa a los otros,al verdadero sufrimiento de
la molestia y del capricho propio,que al final se
transforma en una simple razón de estar,en un juego para
saberse ahí en el momento en el que el silencio del
mundo es casi una realidad fantástica por ser
insoportable,porque no se entiende como,entre el día y
la noche,un misterio de agonía quiebra en dos la
realidad;nos hace sospechar de un mundo paralelo,de un
universo aparte provocando un sonido mayor al silencio y
que se escucha desde adentro,desde las ganas de que la
soledad no fuera tanta,y que los momentos en que la mujer
consuela al niño,no fueran solo eso,sino que entrañaran
una comunicación al otro lado,un saber lo que se está
haciendo,y un llenar de voces lo insoportable de la vida,
la rutina,el sueño simple y el día siguiente
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